Hoy vamos a venimos a desmitificar el orden normal establecido. Lo más entendidos recomiendan el orden clásico, es decir, del vino más ligero al más potente. El motivo es que sería una mala elección empezar por un caldo muy potente y continuar con uno más delicado puesto que no se apreciarían todos los matices del segundo. El orden clásico es el siguiente:

  1. Vino espumoso o cava
  2. Vino blanco joven
  3. Vino blanco intenso o vino tinto joven
  4. Vino tinto intenso, con más estructura.
  5. Vino de Jerez (exceptuando el fino y la manzanilla, que se suelen servir con los aperitivos)
  6. Vino dulce

Esta regla no es universal y es posible acompañar toda la comida con un cava y no beberlo solo para los entrantes.

También se puede empezar con un tinto joven y finalizar con un blanco complejo y con barrica. Hay que borrar mitos como que los blancos solo van con pescado y los tintos con carne. Depende de qué blanco y de qué tinto. Es incluso posible acompañar una comida con Jerez amontillado, un vino estupendo para acompañar unos chiles en nogada.

Lo más importante es que el vino vaya en consonancia con los sabores de la comida y que estos sabores vayan creciendo escalonadamente. Pronto hablaremos del maridaje que casa con cada tipo de vino. ¡Hasta pronto!